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Pan de la Palabra


10 Enero 2026

  • Feria – Sábado después de Epifanía
  • Blanco
  • San Aldo.

PRIMERA LECTURA

De la Primera carta del apóstol san Juan 4, 19–5, 4

Queridos hijos: Amamos a Dios, porque Él nos amó primero. Si alguno dice: “Amo a Dios” y aborrece a su hermano, es un mentiroso, pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Además, Jesús nos ha dado este mandamiento: “El que ama a Dios, que ame también a su hermano”. Todo el que cree que Jesús es el Mesías, ha nacido de Dios. Todo el que ama a un padre, ama también a los hijos de este. Conocemos que amamos a los hijos de Dios, en que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos, pues el amor de Dios consiste en que cumplamos sus preceptos. Y sus mandamientos no son pesados, porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Y nuestra fe es la que nos ha dado la victoria sobre el mundo.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 71
R.Que te adoren, Señor, todos los pueblos.

•  Comunica, Señor, al rey tu juicio. / Y tu justicia, al que es hijo de reyes; / así tu siervo saldrá en defensa de tus pobres / y regirá a tu pueblo justamente. R/.

• De la opresión rescatará a los pobres, / pues estima su vida muy valiosa. / Por eso rogarán por Él sin tregua / y lo bendecirán a todas horas. R/.

• Que bendigan al Señor eternamente / y tanto como el sol, viva su nombre. / Que sea la bendición del mundo entero / y lo aclamen dichoso las naciones. R/.

EVANGELIO

Del santo Evangelio según san Lucas 4, 14-22

En aquel tiempo, con la fuerza del Espíritu, Jesús volvió a Galilea. Iba enseñando en las sinagogas; todos lo alababan y su fama se extendió por toda la región. Fue también a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor. Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en Él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”. Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de sus labios.

Palabra del Señor.

 

 

LECTIO DIVINA

HALLEN MEDITANDO

La escena del evangelio de hoy aparece en la sinagoga de Nazaret, en el contexto de una liturgia sabatina. Lucas, en principio, hace una breve introducción (vv. 14-15) donde presenta la actividad de Jesús como un Maestro y Portador de la fuerza del Espíritu. Después de las tentaciones en el desierto, Jesús regresa a Galilea. Aquí, el evangelista utiliza el verbo “regresar” o “volverse” (hypostrephō) con el cual especifica la región en la que tradicionalmente se realiza el ministerio público de Jesús (Lc 23, 5).

Existe en el texto, además, la indicación del “poder” (dynamis) que ilustra la fuerza del Espíritu para su misión. Esta es una misión de enseñanza (didaskō) que contextualiza la actividad pública en el ambiente judío (Hch 13, 5). El evangelista afirma: “Le entregaron el volumen del profeta Isaías. Desenrolló el volumen y halló el pasaje donde estaba escrito” (v. 17).

El gesto de la apertura está indicado con el verbo griego anaptyssō (“desenrollar”) que, a su vez, podría admitir la traducción de “explicar”, “manifestar”, “develar”. El compendio de detalles da a entender que Jesús tomó específicamente el texto del profeta Isaías para dar a conocer el camino de su misión. La cita de Is 61, 1-2 contiene el anuncio profético de un liberador que viene revestido de la fuerza del Espíritu para comunicar la salvación a los pobres.

El texto del profeta presenta la figura de un personaje ungido para anunciar la Buena Nueva. Según la tradición bíblica, la unción estaba destinada a personas que recibían un encargo divino. Sobresalen, ante todo, la unción de los reyes de Israel (1S 9, 16; 2S 5, 1-5) y los sacerdotes (Ex 29, 7; 40, 15). Podríamos aventurarnos a leer en este texto una remembranza de la tradición que evoca personas importantes para cumplir una responsabilidad específica en Israel.

En realidad, la consagración mediante el Espíritu se ajusta bien a la figura de Jesús y a su misión salvífica. Lucas, en efecto, ha preparado el tema del Espíritu con insistencia: en el acto del nacimiento del Hijo de Dios (Lc 1, 35), en el momento del bautismo (Lc 3, 22), en el relato de las tentaciones (Lc 4, 1) y al inicio de la misión en Galilea (Lc 4, 14).

La referencia a la “unción” no simboliza un privilegio personal, sino que ratifica un envío (apostellō). El texto de Isaías acentúa particularmente la misión de ser enviado a proclamar la libertad. La expresión “proclamar” (euaggelizō) de Isaías no está en discordancia con la tradición del evangelio; Lucas, por ejemplo, la utiliza con frecuencia en su texto (Lc 1, 19; 2, 10; 3, 18; 4, 43; 7, 22; 8,1; 9,6; 16, 16; 20,1) para ilustrar el anuncio de la Buena Noticia. El texto del profeta Isaías describe una función profética sobre el Mesías esperado y, a la vez, el evangelista lo usa para transmitir el ministerio de Jesús por la acción del Espíritu.

LLAMEN ORANDO

San Lucas presenta a Jesús ungido por el Espíritu, con la misión específica de anunciar la Buena Nueva a los pobres, la libertad a los cautivos y devolver la vista a los ciegos. Se trata de tres categorías que dignifican la persona, mejor aún, de tres circunstancias que pueden acercar al creyente a una relación con el Señor. Acercarse al Evangelio de Lucas implica preguntarse por la misión que cada uno de nosotros está llevando a cabo. Somos ungidos de Dios; por tanto, llevamos en nuestra vida la misión de anunciar la Buena Nueva, es decir, de acercar a los demás a la fe o transmitir la verdad de Dios que se ha hecho vida en la encarnación de su Hijo Jesús. Hoy será importante indagar por la forma en que estoy dando a conocer el impacto de Dios en mi vida y el trabajo que estoy haciendo a favor de los más necesitados. El Espíritu es nuestra inspiración y nos envía hacia aquellos que necesitan de la cercanía del Señor.

LES ABRIRÁN CONTEMPLANDO

Padre bueno, de la misma manera que tu Hijo fue ungido con la fuerza del Espíritu, permite que mi vida sea ungida con tu gracia y con tu fuerza para anunciar con sencillez y humildad el reino de amor presente entre nosotros. Amén.

 

 


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